Los Pumas en su laberinto (empate contra el Necaxa)

 




Si eres aficionado a Pumas, acostúmbrate a las sorpresas.

Acostúmbrate a los contrastes. 

A los goles inefables, conseguidos tras jugadas de fantasía, pero también a los errores infantiles, a las incomprensibles desconcentraciones.

Con los auriazules, nunca un partido está totalmente ganado, ni aunque se lleven dos o tres goles de ventaja.

Nunca un partido está perdido, ni aunque se vaya perdiendo por cuatro tantos.

En el laberinto del juego, los Pumas son el Minotauro: a veces verdugo, a veces víctima.

Si eres aficionado a Pumas, acostúmbrate a las contradicciones de un equipo grande. Con millones de seguidores por todo el país, pero sin tanto capital al no pertenecer a ninguna multipropiedad.

Con la cantera más histórica de México, pero sin haber producido figurones desde hace varios años.

Acostúmbrate a que cuando anoten gol, casi enseguida les anoten. 

A las decisiones arbitrales polémicas e influyentes en el resultado, si no cada partido, sí cada dos o tres partidos. 

Pumas: un equipo hecho de sorpresas y, por lo mismo, el más apasionante, el más impredecible. 

Lo volvimos a vivir ayer contra el Necaxa. 


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