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Mostrando entradas de 2022

Okan Akdeniz. Hasret.

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Erol Gedik, la inspiración de este poema.  La inmadurez no está en ti, sino en mí que no supe aproximarme. La libertad no está en ti, sino en mí al decidir apasionarme. La ingenuidad no está en ti: en el afán inútil de adorarte. La felicidad no está en ti tanto como en el verso, al recrearte.
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  EN ALGÚN LUGAR En alguna parte estás. En alguna parte aguardas a que yo te encuentre. O tal vez también me buscas. Pero si me buscas es probable que te encuentres desesperado y en movimiento. Así que prefiero que estés quieto: que seas tú quien aguardes, o mejor: que vivas despreocupado, sin pensar que pronto llegaré hasta ti, yo sí en movimiento, desesperado y en movimiento. Expectante. Actuando un poco como el cazador al acecho, disfrutando del acto mismo de salir de cacería y de atisbar por entre los resquicios, los claros del bosque.             Casi siempre te imagino de ese modo. La situación puede variar, pero soy yo quien llega hasta ti y te domina. Aunque alguna vez fue al revés, y entonces tú, al piano, tocabas el Impromptu número 4 de Schubert, junto al ventanal desde donde se domina la ladera, en la colina de Cobenzl (porque la acción se desarrolla en Viena, poco después de la muerte de Franz). Te levantaste d...
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  MESSI En el cósmico juego el infinito oscilar del balón como un planeta rebota y lo dominas con gran treta eclipsando rivales cual perito.   La trayectoria indómita, el fortuito romance del balón y el guardameta cuyo cuerpo lo envuelve en su silueta: el otro gran actor en este rito.   En silencio te aprestas ante un tiro, los rivales se forman en barrera, perfecta puntería que yo admiro,   perfecta trayectoria tan certera, de un gol que se fraguó cual un suspiro: placeres que nos das de tu cantera.  

Simultaneidad

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Me doy una ducha para relajarme de los rigores de la jornada laboral. Mañana sábado pienso hacer limpieza en el departamento, que ya le hace falta. Mientras el agua acaricia mi cuerpo, percibo el gusto del whisky y las luces circundantes titilan febrilmente, en un efecto que convierte el bar en un espacio móvil, donde la luz y la penumbra se alternan y me producen un vahído leve aunque profundo: un vahído que tiene que ver más con la doble sensación, la del agua en la ducha y la del whisky en el bar.             Me desentiendo –no del todo– de las labores de limpieza que me esperan mañana, si no quiero que el caos del departamento siga creciendo, como el del universo. Me concentro un poco más en la música: el grupo de swing ha comenzado a tocar y suena Temptation , en una versión que sigue de cerca a la de Artie Shaw. Adecuada pieza, me digo estando en el bar de un hotel de aire internacional, con una vaga decoración tropical que ...