¿Ha muerto el cine?
Claro, siempre habrá iniciativas, cine de autor, producciones experimentales. Pero aun así, por mera aritmética, las ideas e iniciativas no son infinitas. Parece que comienza la era de las repeticiones.
¿Pasará a la posteridad el cine como un arte sólo del siglo XX? ¿Tendrá verdadera continuación durante el siglo XXI? ¿Surgirán cineastas con verdaderas nuevas propuestas, diferentes de las de los Bergman, los Kurosawa, los Godard?
Y si hablamos del cine comercial, la situación se torna desoladora: los grandes géneros creados durante el siglo pasado (wéstern, thriller, acción, etc.) parecen absolutamente agotados. Insisto, si el momento no ha llegado, llegará tarde o temprano. La historia nos enseña que ninguna tendencia es eterna.
Puede que las nuevas generaciones tengan otra percepción, puede que sientan que las historias de Pixar son muy originales. Obviamente, como productos de entretenimiento, tales realizaciones son eficaces y de impecable factura. Pero el cine es el séptimo arte y, como tal, sujeto a análisis.
Hace poco, asistí a una exposición multimedia en el Museo Tamayo: la presentación de un clip con música y un leve elemento narrativo... pero distribuido en 8 pantallas, colocadas en un foro por el que los asistentes deambulamos, según la "acción se va desarrollando en unas u otras. Ese podría ser un posible futuro del cine: la película multipantalla.
La producción en masa de series y su distribución el diferentes plataformas agregan otro elemento de complejidad al asunto. Indudablemente, el mercado se diversifica y es la oportunidad de creadores (cineastas, guionistas, actores, utileros, etc.) de acceder a nuevas producciones. Lo cual es loable: nuevas fuentes de trabajo nunca vienen mal. La cuestión es que el ojo crítico tampoco descansa.

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